DRA. ANA MURGUIA
“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” Hechos 4:34-35
“Bendito sea Dios”, si una persona está en aflicción y bendice al Señor demuestra que su corazón no está abatido, que su espíritu y su alma han cobrado fuerzas para bendecirle en medio de la tribulación, demuestra que no está desesperada, sino que tiene esperanza en que todo tiene una solución. Esto es lo que debemos hacer los cristianos—alabar a Dios—en medio de la tristeza y la necesidad. La esperanza nuestra descansa en Dios en quien confiamos y nos ayuda en todas las pruebas de pérdida, de aflicción, de enfermedad, de males que nos rodean, y por si fuera poco nos hace caminar confiados y gozosos en este mundo.
Recuerdan la historia de Hechos de los Apóstoles capítulo 4 ¿Verdad?, teóricamente los discípulos estaban haciendo milagros y habían sanado a aquel hombre que había nacido cojo y que estaba sentado a la entrada de la puerta de la Iglesia llamada la Hermosa, y le dijo Pedro: no tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Luego pusieron a Pedro y a Juan en la cárcel, y les preguntaron ¿Con qué autoridad y en que nombre han sanado a éste hombre? Y Pedro lleno del Espíritu Santo, les dijo que en el nombre de Jesucristo de Nazaret ese hombre estaba enfrente de ellos sano, y después de un largo discurso en el cual les habló de los profetas, muchos creyeron en Cristo, y la multitud de los que habían creído eran—dice la Palabra de Dios—de un corazón y un alma; así que ninguno decía que lo que tenía era de él, sino que todas las cosas las tenían en común. ¡Qué cosa! Muchos han querido hacer un mundo así, en el que todos tengamos las cosas en común, pero no ha funcionado. A esto se llama comunismo, al menos no en nuestros países.
Por todo lo anterior no había necesitados entre los cristianos del primer siglo, porque todas sus propiedades y heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido delante de los apóstoles para que lo administraran y se repartía a todos ¿Por igual? No, eso es lo maravilloso, daban a todos “Según su necesidad”, aquí podemos decir que ni el socialismo, ni el comunismo tienen el mismo fin, ellos quieren que todos reciban lo mismo, y todos tengan un mismo estatus social y económico, pero los apóstoles no enseñaron eso sino que enseñaron dar a cada uno según su necesidad.
A manera de testimonio: hoy recibí la llamada de una hermana de nuestra Iglesia, que se dedica a ese ministerio de dar a los necesitados. Me dijo: hermana queremos decirle que tenemos el ministerio de socorro al necesitado, y sabemos que está pasando por momentos difíciles, queremos saber si su hermano está comiendo y si necesita algo. Me apresuré a contestarle y mi corazón se ensanchó en mi pecho, porque en estos momentos Dios nos alienta con estos ministerios y los hermanos son una ayuda tremenda para nosotros. Además, me dijo: hermana no dude en pedirnos lo que necesite, tenemos dinero para comprar medicamentos inclusive, o para el servicio médico, para estudios si son necesarios, o para lo que se le ofrezca, no dude en llamarnos decirnos, llámenos si necesita algo. Mi agradecimiento se hizo patente, y me sentí dichosa de tener hermanos en Cristo que se preocupan por nuestra necesidad. Hermanos míos, cuando nosotros tenemos algo que podemos poner al servicio de Dios, los hermanos que se encargan de un ministerio como este de misericordia—socorro al necesitado—es de bendición, tanto para los que dan la ayuda como a los que ayudan. “Bendito sea Dios”, porque en nuestra necesidad, podemos decir que “Él nos sostiene”.
Oremos para que Dios nos enseñe a ayudar al necesitado dependiendo de su necesidad
Dra. Ana Murguía
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